DICCIONARIO DEL
ESCÉPTICO

Robert Todd Carroll

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vertline.gif (1078 bytes) ESCEPTICISMO FILOSÓFICO

El Escepticismo Filosófico es una actitud crítica que cuestiona sistemáticamente la idea de que el conocimiento y certidumbre absolutos son posibles, ya sea en campos particulares o generales. El Escepticismo Filosófico es opuesto al Dogmatismo Filosófico, que sostiene que un conjunto de enunciados son autoritativos, absolutamente inequívocos y verdaderos.

Este Escepticismo Filosófico debe de distinguirse del Escepticismo Ordinario, donde las dudas se alzan contra ciertas creencias o tipos de creencias ya que la evidencia para sustentarlas es floja o escasa. Los escépticos ordinarios no son crédulos o ingenuos, no toman las cosas como verdaderas sin más, primero deben ver la evidencia para creer. Dudan de los milagros religiosos, las abducciones extraterrestres, el psicoanálisis, etc.; pero no dudan de que la certidumbre o el conocimiento son posibles. No dudan estas cosas debido a argumentos sistemáticos que menoscaben toda afirmación de conocimiento.

Por otro lado, los escépticos filosóficos pueden ser crédulos. La mayor parte de lo que sabemos acerca del Escepticismo Filosófico en la antigüedad viene de Sexto Empírico, quien vivió al rededor del año 200 y que creía, entre otras cosas, que algunos animales se originaban del fuego, vino fermentado, fango, limo, burros, repollos, fruta y animales putrefactos.

El Escepticismo Filosófico es muy antiguo. Por ejemplo, el sofista Gorgias (483 - 378 aC.) aseveraba que nada existe o que si algo existe no puede ser conocido, o que si algo existe y puede ser conocido, no puede ser comunicado. Sin embargo, Gorgias es primeramente conocido como un sofista que como un escéptico filosófico. Pirrón (aprox. 360 - 270 aC.) es considerado el primer escéptico filosófico de la filosofía occidental, pero poco se sabe de él o de sus seguidores, o aún de los siguientes grandes en la historia del escepticismo, Arcesilao (aprox. 316 - 241 aC.) y Carneades (214 - 129 aC.), cada uno de los cuales liderearon la Academia fundada por Platón. El primer grupo de escépticos filosóficos es conocido como los Pirronistas, el siguiente como los Académicos. Ni los Pirronistas ni los Académicos parecen haber apoyado el nihilismo que Gorgias defendía.

Otros sofistas pueden ser vistos como escépticos filosóficos, por ejemplo, Protágoras (480 - 411 aC.) decía que "El hombre es la medida de todas las cosas". Aseveración que a menudo se interpreta como que no existen estándares o valores absolutos y que cada persona es el estándar o la verdad en todas las cosas. Aplicada a las normas morales se le conoce como relativismo moral, una clase de Escepticismo Filosófico que niega la existencia de valores morales absolutos.

El escepticismo de Gorgias se basaba en su creencia de que todo el conocimiento se origina de la experiencia sensorial y de que esta experiencia varía de persona a persona, momento a momento. Este punto de vista tal vez debería llamarse Escepticismo Sensorial, la posición filosófica de que no podemos estar seguros de nada que esté basado sólamente en la experiencia sensorial. A través de la historia de la filosofía han florecido argumentos demostrando la falibilidad de la experiencia sensorial, especialmente entre dogmatistas como Platón y Descartes. Un argumento común es que lo que percibimos mediante los sentidos no es una guía fiable para saber lo que realmente hay detrás de esas apariencias. El materialista Demócrito (460 - 370 aC.), un contemporáneo de Gorgias y generalmente no considerado un escéptico filosófico, planteó tal argumento.

A lo largo de la historia los escépticos sensoriales han argumentado que sólo percibimos las cosas como se nos aparecen y que no podemos saber qué, si hay algo, causa esas apariencias. Por tanto, si existe el conocimiento sensorial, es siempre personal, inmediato y mutable. Cualquier deducción a partir de las apariencias está sujeta a error y no poseemos un método para saber si nuestras deducciones o juicios son correctos. Sin embargo, estos argumentos no han evitado que muchos escépticos tiendan una defenza de probabilismo en relación al conocimiento empírico; ni han detenido a los dogmatistas en su búsqueda de la verdad absoluta en otros luagres a saber, en la Razón o en la Lógica.

Quizás al crítica más fuerte a la posibilidad de verdad absoluta sea el argumento escéptico acerca del criterio de verdad. Cualquier criterio utilizado para juzgar la certeza de una afirmación puede ser retado debido a que otro criterio es necesario para juzgar al presente criterio, y así hasta el infinito. Este argumento no disuadió a filósofos como Platón y Descartes de afirmar que habían encontrado un criterio absoluto e impecable de verdad. Mientras la mayoría de los escépticos rechazarían la idea de que ese criterio es lo que Platón y Descartes pretenden, esa misma mayoría probablemente aceptaría los argumentos de San Agustín y otros que afirman la existencia de afirmaciones absolutamente ciertas, pero que éstas son asunto de Lógica y nada tienen que hacer al establecer la certeza de cualquier aseveración que vaya más allá de nuestra percepción inmediata.

Los antiguos escépticos no se ponían de acuerdo ni en lo más fundamental, en si la certidumbre y el conocimiento son posibles. Algunos creían saber que la certidumbre no era posible; mientras otros afirmaban no saber si era posible. La postura de saber que el conocimiento es imposible parece una contradicción. Y el punto de vista de que no se sabe si el conocimiento es posible es consistente con la idea de esforzarse por obtener conocimiento, aún si no se está seguro de llegar a él. Mientras algunos escépticos antiguos parecían apoyar que lo ideal es no tener opiniones definitivas, la mayoría parecen haber sostenido que cuando hay evidencia preponderante sustentando mejor la probabilidad de una postura que de otra, entonces creer en la posición más probable es lo deseable. Aparentemente la mayoría de los escépticos de la antigüedad creían que no porque simplemente no se pudiera estar absolutamente seguro de nada, se debía suspender el juicio de todas las cosas. Hacer tal cosa sería contradictorio; ya que, de acuerdo al mismo principio, uno no debería aceptarlo sino suspender el juicio del mismo. El suspender el juicio de afirmaciones debe estar reservado para aquéllas de las que no se sabe nada o no se pueda saber nada, y para aquéllas en donde la evidencia está equilibrada en lados opuestos. Puede ser verdad que nada es absolutamente cierto, pero no es verdad que todas las afirmaciones son igualmente pobables. De acuerdo a la mayoría de los escépticos filosóficos, una persona razonable utiliza la probabilidad como una guía para creer, no la certeza absoluta.

La palabra griega skeptikoi significa buscadores o investigadores. Sócrates, quien afirmó que lo único que sabía era que no sabía nada, frecuentemente decía "Skepteok", dando a entender "debemos investigarlo". Los pirronistas buscaban la verdad, aún y cuando la mayor parte del tiempo eso significara buscar argumentos contrarios a las posturas dogmáticas adoptadas por otros filósofos, como los Estoicos o los Epicúreos. Y mantenían que en asuntos donde la argumentación y la contra-argumentación estuvieran equilibradas se debía suspender el jucio. Aparentemente encontraron en esa postura su deseada meta de paz mental (ataraxia); ya que son los dogmatistas quienes se agitan si no poseen la verdad que saben deberían tener, o si otros se rehusan a aceptar lo que ellos saben que es verdad.

La otra escuela antigua de escépticos, los Académicos, rechazaron el dogmatismo metafísico de su fundador y defendieron el probabilismo; la postura de que las probabilidades, no la certeza absoluta, son posibles y nos sirven en las cosas importantes de la vida que hicieron posible el avance de la ciencia moderna en el s. XVII. Los dogmatistas, lidereados por Descartes y los Racionalistas Continentales, hicieron contribuciones a las matemáticas (geometría analítica y cálculo) pero no a la física; en tanto que, los probabilistas, encabezados por los fundadores de la Real Sociedad (Royal Society) y los Empiristas Británicos, hicieron posible la ciencia empírica moderna.

Mientras que los escépticos defendían el probabilismo como razonable en materias empíricas, tal actitud era considerada irrazonable en la metafísica. Un tipo en particular de escepticismo metafísico (también conocido como positivismo) es digno de notarse: el Escepticismo Teológico. Un escéptico teológico duda de la posibilidad de conocer algo acerca de Dios. Puede ser ateo, pero las dos posiciones son distintas y un escéptico teológico puede ser teísta o agnóstico. El escéptico teológico afirma que no podemos saber con certeza si Dios existe, lo que no implica que sea ateo. Así mismo, el escéptico teológico no necesariamente sostiene que sólo debamos aprobar las proposiciones absolutamente ciertas. Sin embargo, algunos defenderían el ateísmo basados en la existencia de más evidencia apoyando la probabilidad de que Dios no exista. Un teísta podrá no estar de acuerdo y pensar que la probabilidad es más grande para el teísmo. Un agnóstico, sostendrá que ninguna de las posiciones es más probable que la otra.

El Escepticismo Teológico está basado en la naturaleza de las afirmaciones teológicas y en la de la mente humana. Las aseveraciones teológicas trascienden los límites del conocimiento humano. Es por esta razón que algunos escépticos defienden que la revelación por parte de Dios es necesaria. Los escépticos ordinarios pueden ser ateos y completamente indiferentes de los argumentos de los escépticos teológicos. El escéptico ordinario es ateo simplemente porque percibe poca o ninguna evidencia de la existencia de Dios.

Para proveer dudas filosóficas acerca de la metafísica, algunos escépticos dirigieron sus argumentos a afirmaciones específicas. Una de las figuras más importantes en la historia del Escepticismo es David Hume (1711 - 1776), cuyo argumento en contra de los milagros sigue siendo considerado por muchos escépticos como el mejor en la historia del Escepticismo. De hecho, Hume esperaba que su argumento sirviera como "un examen perpetuo para todas las ilusiones supersticiosas". Argüía que por la misma razón que es razonable evitar al perro que nos trata de morder, es razonable rechazar los milagros. Afirmar que ha ocurrido un milagro es afirmar que ha tenido lugar una violación de las leyes de la naturaleza, las leyes de la naturaleza están basadas en la experiencia, la experiencia es nuestra guía al evitar al perro y debe serlo al juzgar el evento milagroso. Aceptar un evento como milagroso es aceptar que la experiencia no es una guía fiable, pero es nuestra única guía en tales asuntos, a menos de que abandonemos la razón y creer por pura fe. Como él mismo lo expresa, elocuente y sucintamente: "Un milagro es la violación de las leyes de la naturaleza; y como una firme e inalterable experiencia ha establecido estas leyes, la prueba en contra de un milagro, por la mera naturaleza del hecho, es tan completa como cualquier argumento proveniente de la experiencia que pueda ser imaginado" [Hume p. 122]. ¿A qué otro tipo de ilusiones supersticiosas se aplicaría el argumento de Hume? Parece que puede ser aplicado a cosas como la homeopatía, la canalización, la proyección astral, la levitación, la regresión a vidas pasadas, la cirugía psíquica, la rabdomancia, y otras cosas que requieren de abandonar a la experiencia como guía. Sin embargo, las aseveraciones acerca de la PES no estarían sujetas a este argumento, a menos que sus defensores sostengan que ocurre fuera del reino de las leyes naturales. En tanto mantengan que la PES obedece leyes de la naturaleza que aún no hemos descubierto, el argumento de Hume no se aplica.

Muchos escépticos estarían de acuerdo que la Lógica es un área donde el dogmatismo está justificado. El principio de contradicción, que una proposición es verdadera o falsa pero no ambas cosas, es aceptado por muchos escépticos como cierto pero vacío; lo que quiere decir que tal verdad no revela nada acerca del mundo de la experiencia. En adición a las verdades formales, como el principio de contradicción y el principio de identidad, la mayoría de los escépticos aceptarían la existencia de verdades semánticas, i.e., enunciados que son ciertos por definición. "Un célibe es un hombre soltero", es una verdad y provée información acerca del mundo de la experiencia, de cómo una determinada palabra es utilizada en un determinado lenguaje. Pero la proposición es una convención, no un descubrimiento.

El Escepticismo Filosófico nunca fue propuesto como una guía para la vida práctica. Los primeros escépticos nunca dejaron que un perro los mordiera a pesar de que pudieran estar siendo engañados por sus sentidos. Aún si no fuera posible probar con certeza absoluta que un objeto es real, la experiencia es una buena guía de lo que probablemente sucedería si uno permite que un perro le muerda a uno la pierna. Los escépticos no niegan la realidad de la percepción sensorial, las mordidas de perro duelen y la miel sabe dulce. Lo que los escépticos niegan es que detrás de la apariencia del perro exista una "esencia de perro" o que la experiencia de dulzura al probar la miel justifique deducir que la "dulzura" es parte de la esencia de la miel. Los escépticos no niegan las apariencias y el conocimiento subjetivo, no niegan que alguien mordido por un perro sienta verdadero dolor y que sepa que está herido. Los escépticos niegan que sea justificable inferir proposiciones indudables acerca de la realidad más allá de las apariencias a partir de las experiencias subjetivas. A lo sumo, cualquier deducción de "objetividad real", una realidad que trasciende la experiencia inmediata, debe estar expresada en lenguaje probabilístico.

No obstante, el antiguo Escepticismo fue considerado una guía para la vida por sus defensores. Su meta era la ataraxia, un estado sin perturbaciones, de paz mental. Negar las apariencias no serviría mucho a tal propósito, rechazar el dogmatismo sí. Encontrar modos de combatir el dogmatismo sigue siendo el elemento central del Escepticismo Filosófico. De acuero a los escépticos, la certeza absoluta no es necesaria, ni para la ciencia ni para la vida diaria. La ciencia se desenvuelve bastante bien a pesar de estar limitada a las apariencias y a las probabilidades. Podemos encontrar guías para la vida, incluidos la moral y los principios, sin requerir de la certeza absoluta; podemos distinguir qué principios son los que más probablemente nos lleven a lo que deseamos: una apacible y feliz exitencia. Muchos escépticos filosóficos adoptaron estilos de vida muy conservadores, afirmando que la naturaleza y las costumbres son lo mejor; defendían el seguir las leyes y costumbres, incluidas las costumbres religiosas, del respectivo país natal. Y creían que seguir nuestros apetitos naturales es generalmente un buen medio para vivir bien. Sin embargo, el conservadurismo social y político, mientras para muchos escépticos sirve bien para conseguir la ataraxia, es un non sequitur. Es decir, tal postura no es una inferencia razonable ni de un escéptico sensorial ni de un escéptico moral. El probabilismo apoyado por la ciencia parece suficiente para una vida práctica igualmente agradable.

Las filosofías dogmáticas se hacen cada vez más escasas y la era de la metafísica hace mucho que terminó, indicando que los escépticos han ganado la guerra con los dogmatistas. La Lógica es la única área filosófica donde los filosófos profesionales siguen hablando con seriedad de la certeza absoluta. La probabilidad de otro Platón u otro Hegel surgiendo en el s. XXI parece ser muy pobre. En nuestros días, la mayoría de los filosófos quedan satisfechos con argumentos probabilísticos y la aplicación de los principios lógicos a los conceptos.

 

 

 

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